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Estrategias de gestión de tareas efectivas: ocho que funcionan incluso en los días más ajetreados

Ningún método funciona para todo el mundo. Lo que distingue una estrategia que dura de una que se abandona al cabo de una semana suele ser algo sencillo: sigue funcionando en un mal día, cuando te pesa el cansancio y la bandeja de entrada está llena.

Las ocho estrategias que siguen son pequeñas a propósito. No necesitas todas. Elige dos o tres que resuelvan el problema que tienes de verdad, úsalas durante unas semanas y añade más solo si hace falta.

¿Qué hace que una estrategia de gestión de tareas sea efectiva?

Una buena estrategia responde sin mucho esfuerzo a tres preguntas: qué tengo que hacer ahora, qué estoy esperando y quién se encarga de qué. Si tu sistema las responde rápido, funciona, tenga el aspecto que tenga. Si para responderlas tienes que buscar, recorrer la lista o preguntar a los demás, hay algo en él que cambiar.

Además, tiene que costar poco mantenerlo. Un método que exige una hora de mantenimiento cada semana se deja de lado en la primera semana con mucho trabajo, y a partir de ahí la lista ya no refleja la realidad.

1. Trabaja con una sola lista en la que confíes

Todas las tareas van a un mismo lugar, y revisas ese lugar cada día. Las tareas repartidas entre notas, correos, conversaciones de chat y la memoria son la principal razón por la que se olvidan las cosas. Cuando todo está en una sola lista, puedes tomar decisiones sobre tus tareas en lugar de intentar recordarlas. Nuestra guía sobre cómo organizar tus tareas explica con más detalle cómo anotarlas.

2. Escribe cada tarea como una próxima acción

«Sitio web» no es una tarea. «Enviar al diseñador el texto de la página de inicio» sí lo es. Una tarea que se puede hacer de inmediato empieza con un verbo y describe un solo paso concreto. Cuando una tarea es en realidad un proyecto, anota solo el primer paso y añade el siguiente cuando lo termines.

Parece un detalle menor, pero cambia la sensación que da una lista. Una lista de próximas acciones te dice qué hacer. Una lista de temas solo te recuerda que hay mucho por hacer.

3. Limita cuántas tareas tienes en marcha a la vez

Empezar una tarea es fácil. Lo que aporta valor es terminarla. Cuando muchas tareas están a medias al mismo tiempo, cada una avanza despacio, y cada cambio de una a otra te cuesta atención.

Los equipos que usan tableros Kanban suelen poner un límite al trabajo en curso, y la idea funciona igual de bien en una lista personal. Elige un número pequeño de tareas en las que trabajar de forma activa. Cuando llegues a ese número, termina o descarta una antes de empezar otra.

4. Aplica la regla de los dos minutos a las tareas pequeñas

La regla de los dos minutos viene del libro Getting Things Done, de David Allen: si una tarea se puede hacer en menos de dos minutos, hazla ahora en lugar de anotarla. Responder una pregunta breve o reenviar un archivo suele ser más rápido que anotarlo y retomarlo más tarde.

La regla tiene un límite. Si una sucesión de tareas de dos minutos ocupa toda tu mañana, el trabajo importante nunca empieza. Úsala cuando ya estás revisando mensajes, no como excusa para interrumpir una y otra vez el trabajo que exige concentración.

5. Agrupa las tareas parecidas

Las llamadas, los correos breves, las aprobaciones y los recados resultan más fáciles si los haces en un solo bloque. Mantienes el mismo modo de trabajo durante un rato, y el resto del día tiene menos interrupciones. Una forma práctica de empezar es reservar un bloque a última hora de la mañana para llamadas y respuestas, y otro por la tarde para pequeñas tareas administrativas.

Agrupar tareas combina bien con la planificación por bloques de tiempo, que explicamos en nuestro artículo sobre cómo organizar tu día.

6. No pierdas de vista lo que estás esperando

Algunas tareas están detenidas porque dependen de otra persona: un presupuesto de un proveedor, una firma, la respuesta de un compañero. Es fácil olvidarse de ellas, porque ya no parecen algo que tengas que hacer tú.

Anótalas también como tareas, indicando de quién dependen y cuándo cuentas con una respuesta. En una lista compartida, asigna la tarea a esa persona: así ella la ve y tú sabes en qué punto está. Cuando pase la fecha, vuelve a preguntar una vez y anota el resultado en la tarea.

7. Acuerda con los demás qué significa «terminado»

Muchos roces en el trabajo compartido vienen de tareas que para una persona están terminadas y para otra no. «Preparar la propuesta» puede ser un primer borrador para alguien y, para otra persona, una versión ya enviada al cliente.

Cuando participa más de una persona, escribe en la tarea en qué estado se considera terminada: «Propuesta enviada al cliente y confirmada». Deja las preguntas y las decisiones sobre una tarea en la propia tarea, para que la próxima persona que la abra no tenga que volver a preguntar. En nuestro artículo sobre listas de tareas compartidas para equipos encontrarás más sobre esta forma de trabajar.

8. Planifica la semana y después el día

Un plan diario funciona mejor dentro de uno semanal. Una vez por semana, revisa lo que vence en los próximos días, los compromisos que tienes con otras personas y las tareas que llevan demasiado tiempo esperando. Decide a qué vas a dedicar la semana y quita lo que ya no importa.

Cada mañana, elige de ese plan las pocas tareas que más importan y hazlas antes de que el día se llene. Al final del día, pasa a otra fecha lo que quedó sin hacer en lugar de dejar que se acumule.

¿Cómo eliges las estrategias adecuadas?

Parte del problema que tienes, no del método que mejor suena:

  • Las cosas se olvidan: una sola lista de confianza y un vistazo a ella cada día.
  • La lista es larga, pero nada avanza: próximas acciones y un límite al trabajo en curso.
  • El día se va en tareas pequeñas: agrupar tareas, y la regla de los dos minutos solo mientras revisas mensajes.
  • El trabajo con otras personas se estanca: un registro de lo que estás esperando, un responsable para cada tarea y un acuerdo sobre qué significa «terminado».

Cambia las cosas de una en una. Si a las dos o tres semanas algo no te sirve, déjalo. El objetivo es un sistema que sigas usando, no uno perfecto.

¿Qué errores conviene evitar?

  • Montar el sistema en lugar de hacer el trabajo. Las etiquetas, los colores y las vistas muy elaborados exigen tiempo para mantenerlos y rara vez cambian lo siguiente que haces.
  • Tratar todas las tareas como urgentes. Cuando todo tiene un plazo, los plazos dejan de significar nada. Pon una fecha de vencimiento solo cuando haya un plazo real.
  • Demasiadas listas. Las listas separadas ayudan cuando corresponden a áreas reales de tu vida o de tu trabajo, como una por cliente o una para la casa. Más allá de eso, se convierten en el lugar donde se olvidan las tareas.
  • Saltarse la revisión. Si no miras la lista con regularidad, se va llenando de tareas antiguas y dejas de confiar en ella.

Cómo ayuda Wabi a aplicar estas estrategias

Wabi es una app de tareas gratuita basada en listas que puedes tener solo para ti o compartir con otras personas. Algunas de sus partes encajan con las estrategias anteriores:

  • La pantalla de inicio pone primero lo que vence en todas tus listas, y así el plan del día se mantiene breve. Consulta cómo ordena Wabi tus tareas.
  • Las listas compartidas muestran a todos las mismas tareas y fechas de vencimiento, y cada tarea se puede asignar a su responsable.
  • Cada tarea tiene su propio chat, así que las preguntas, las decisiones y los archivos quedan unidos a la tarea.
  • Las tareas privadas te permiten guardar un recordatorio personal dentro de una lista compartida sin que nadie más lo vea.

La forma más sencilla de probar una estrategia es con una lista real. Puedes descargar Wabi para iPhone o Android, o abrir la versión web.

Por ahora, la app solo está disponible en inglés.

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